P. Dávila (Entrada triunfal del Señor a Jerusalén)


Entrada triunfal del Señor a Jerusalén

Él, mis queridos estudiantes, Él hace su entrada triunfal
según hemos escuchado en el relato evangélico,
hace su entrada triunfal un día domingo en la ciudad de Jerusalén.
A esa ciudad Él venía frecuentemente como incógnito.
Y Él no hacía ostentación de nada, absolutamente de nada;
porque esa ostentación solamente es para los hombres mediocres,
para que ellos que necesitan que los demás les ensalcen porque les falta algo.
Pero a Él nada le faltaba, a Él le sobra absolutamente todo.
Y viene la semana en la cual Él iba a morir.
Y viene y entra a la ciudad de Jerusalén,
bajando por el Monte de los Olivos atravesando Betfagé, el Torrente de Cedrón,
y así cabalgando un burrito llega a la ciudad santa, llega hasta el Templo
para hacer su entrada como rey en medio de aclamaciones, de alabanzas, de vítores.
Y los enemigos suyos, aquellos que estaban pendientes de cualquier incidente
que se suscitara con Él o con sus discípulos, o con sus seguidores,
le prohíben y dicen: “Impide que te griten que tú eres rey,
impide que alaben a Dios por tu entrada”. 
Y Él les dice: Si yo les impidiera, hablarían las piedras.”
 
Sí, mis queridos estudiantes, es que Dios puede hacer hablar a las piedras
y puede poner en las piedras un lenguaje vivo, pero el lenguaje de la verdad.
Y ellos hablaban la verdad cuando alababan a Dios y glorificaban a Dios.
Y le glorificaban a Él que es Dios verdadero.
Mis queridos estudiantes, un motivo más
para sentirnos íntimamente unidos a Él y para tratar de que esa imagen,
esa figura suya vaya agigantándose más y más en nuestros espíritus.


 

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